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Accesibilidad a través de los sentidos



Imagen de un ojo en color atrapado en un halo gris.
Imagen: Visión truncada
A lo largo de los siglos y de su evolución, el ser humano ha ido primando unos sentidos sobre otros. No hay más que fijarse en hoy en día para darnos cuenta de que en este mundo tan tecnológico el contenido visual es prácticamente imprescindible y por lo tanto se aprovecha su potencial. También el sonido se lleva gran parte del pastel pero ¿y los otros sentidos?





El tacto, el gusto y el olfato podríamos considerarlos sentidos un poco más secundarios. Los utilizamos, por supuesto, pero la mayoría de las veces no aprovechamos su potencial.



Cuando una persona tiene discapacidad visual o ceguera todo ese contenido audiovisual si no está creado desde su inicio con elementos accesibles o de accesibilidad universal puede ser una barrera importante en diferentes ámbitos de su vida.



El sonido muchas veces suple esa carencia de imágenes o de matices que se le pueden escapar a una persona con baja visión. También el tacto es importante cuando el objeto o imagen en cuestión está adaptado mediante relieve, diferentes texturas o con mensajes en braille.



Este sentido centrado principalmente en las yemas de los dedos es uno de los damnificados por el paso del tiempo. No le damos la importancia que se merece y sólo cuando nos faltan otros recurrimos a él. Sin embargo con un poco de práctica se puede desarrollar una habilidad muy útil que permite disfrutar más plenamente de nuestro alrededor tengamos o no problemas de visión.



Es más, el arte hoy en día se está quitando los corsés de lo estrictamente visual y se está recurriendo a otras formas de sentirlo: mediante las manos, el olor, el sabor... Una vuelta a las sensaciones más primigenio.



La tecnología no se queda atrás en este aspecto e intenta aprovechar ese potencial de la sensorialidad para avanzar hacia un mundo más conectado pero a la vez también más accesible. Como siempre decimos la accesibilidad beneficia a todos no solo a las personas con discapacidad.



Muchas veces hablamos de lo necesario que es el sonido o las texturas para poder hacer más accesibles aquellos contenidos o elementos visuales que una persona con discapacidad visual no puede ver o no puede hacerlo con claridad.

Parece que solo sean el sentido del oído o del tacto los que puedan utilizarse para transformar las imágenes en una realidad. Sin embargo existen otros sentidos como el olfato o el gusto que nos pueden ser muy útiles para conocer más matices.



Ambos sentidos han quedado recluidos a determinados ámbitos y situaciones y apenas se ha experimentado con ellos. Afortunadamente, en los últimos años  se les ha empezado a dar la importancia que merecen.



Hoy os traemos dos proyectos muy interesantes donde el olfato y el gusto y la tecnología se unen para llevar los sentidos a otra dimensión y, por supuesto, para ser aprovechados cuestiones de accesibilidad.



Por un lado tenemos un experimento de hace ya unos años llamado oPhone que pretendía enviar olores a través de dispositivos. Durante 2014 tuvo bastante repercusión y formó parte de  y se planeaba su lanzamiento en 2016 pero no he encontrado mucha información nueva últimamente.



A grandes rasgos oPhone es un dispositivo con cartuchos de olores, compatible con iPhone o iPad a través de una app específica y gratuita llamada oSnap. Gracias a esta combinación una persona puede enviar y reproducir olores mediante un mensaje. En un primer momento se estimaba que podía reproducir 10.000 pero podría llegar a los 300.000.



El proyecto en España fue desarrollado por Kibo Studios junto a investigadores de Harvard y el Instituto Wyss de Estados Unidos.






Más recientemente se ha empezado a hablar de un proyecto relacionado con el sentido del gusto y que es capaz de transmitir sabores a través de bluetooth. Esta novedosa iniciativa está siendo desarrollada por un grupo de científicos de la Universidad Nacional de Singapur y la Universidad Keio de Japón.



A grandes rasgos el experimento se realizó con dos vasos conectados por bluetooth mediante un sensor. En uno se puso limonada natural y en el otro agua. En el primero se analizó el color y el ph de la limonada con el sensor. Después se transfirió esa información mediante bluetooth al segundo recipiente que comenzó a  transmitir impulsos eléctricos con electrodos al agua.



Transcurrido un tiempo, probaron el contenido de este segundo vaso y sabía a limonada: el experimento fue todo un éxito. Pero no probaron solo con limonada sino que testearon otros saobres aunque no consiguieron un resultado tan bueno como con el zumo de limón debido a su característico sabor amargo.






Sabemos que queda mucho por avanzar pero estas dos pequeñas muestras de desarrollos tecnológicos basados en los sentidos que más tenemos olvidados pueden ser un buen punto de partida para próximos avances en accesibilidad. ¿Os imagináis cuanta información extra nos podrían dar olores y sabores cuando tenemos problemas de visión?



Ojalá que sigan apareciendo iniciativas como estas para lograr un mundo más inclusivo y más atento a la riqueza que nos proporcionan todos los sentidos.

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