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El reto de cruzar la calle

Buen ciudadano vs. Seguridad personal


Una de las cosas que más ansiedad puede producir a una persona con discapacidad visual es cruzar una calle. La cosa se complica cuando es una carretera con varios carriles y mucho tráfico.

Hace ya un tiempo me encontraba yo esperando en un semáforo a que se pusiese en verde para poder cruzar. Supuestamente no pasaban coches y un chico me dice con tono de sorna: “Pero que buena ciudadana eres, ¿no ves que no vienen coches?”. Y como éste otros muchos comentarios he escuchado por no cruzar cuando el semáforo está en rojo y no hay coches a la vista.

A mí el que haya un semáforo me da tranquilidad, contando siempre con que los conductores acaten las normas. Y, por supuesto, si tiene aviso acústico mucho mejor.

Cuando tienes cierto grado de baja visión cruzar la calle es un gran reto. Y aún lo han hecho más complejo ahora que hacen los coches cada vez más silenciosos. Pero ¡¿a quién se le ocurre?!

Hay dos factores que yo utilizo para mitigar la falta de visión a la hora de cruzar. Hablo desde mi propia experiencia a lo largo de los años y que a nadie se le ocurra ponerlos en práctica al pie de la letra. 

Uno es el sonido de los coches, elemento del que cada vez nos podemos fiar menos; y el otro las luces de los faros cuando es de noche. Éste último, me es mucho más efectivo y me proporciona curiosamente mejor resultado al cruzar la calle de noche que de día.

Con esas dos técnicas he sobrevivido hasta el día de hoy. Y digo sobrevivido porque alguna vez casi acabo debajo de un coche. Recuerdo especialmente con 10-11 años siendo casi de noche en un paso de peatones que a día de hoy ya tiene semáforo (gracias a Dios!) que corrí con todas mis ganas para cruzar y me libré de milagro. Irónicamente el coche era igualito al de mi padre. Se me quedó grabada tal experiencia y debe ser por eso que los pasos de peatones sin semáforo no me gustan nada de nada.

Pero vamos, esos dos procedimientos de emergencia realmente no son muy efectivos ni recomendables. Yo los calificaría de medidas de emergencia o excepcionales. No hay nada como los semáforos o un acompañante para eliminar gran parte del temor y del peligro.

Hoy en día tenemos más semáforos y eso es un alivio. Yo cada vez que tengo que ir a algún sitio sola me planeo la ruta intentando cruzar donde hay semáforos aunque tenga que andar un poco más. Eso me da confianza.

Otro hecho muy curioso es que nosotros, las personas con discapacidad visual, muchas veces pasamos desapercibidas. Es decir, en muchos casos no mostramos exteriormente el problema que realmente tenemos. No es lo mismo que una persona ciega que va con perro o con bastón. Y por este hecho hay menos consideración a la hora de facilitar las cosas o dar un poco de ayuda. Aunque esto no solo se aplicaría a esta situación sino a muchísimas otras.

Pero a lo que íbamos. Sí, somos buenos ciudadanos ejemplares pero también nos servimos de los semáforos para movernos por la ciudad de manera más autónoma y tranquila. Así que sobran los comentarios jocosos, miraditas y demás cosas. Y, por favor, más semáforos y más cumplimiento de las normas de tráfico tanto por peatones como conductores.

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